La importancia de llamarse Malala.
Y digo yo que debería ser la vergüenza la que nos turbara cada vez que asumimos, con nada inusitada naturalidad ,que colgar un insípido auto retrato nuestro (selfie lo llaman los anglos) frente a un espejo previamente sobornado ,pueda ser de interés público en nuestras redes sociales. Debería ser la vergüenza la que nos recordara que apretar el interruptor de la luz de casa para obtener iluminación, no solo es posible gracias al desarrollo de las leyes de la electrotecnia ( V = I *R, Ley de Ohm), sino también gracias a la lotería de haber nacido en un país del primer mundo (desarrollado, o país del Norte o... según vuestra preferencia por los eufemismos). Seguramente debe de ser la vergüenza la que provoca que tu júbilo (aparentemente capado para otros menesteres) alcance impúdicamente cotas máximas, ¡cósmicas! cuando el Real Madrid o el Barça o el Bayer de cómo se llame gane un partido.
Debería ser la vergüenza la que nos inculcara la solidaridad para aquellos que han sacrificado y sacrifican sus vidas, para que tú, ¡sí, tú! tengas un móvil "superguapo" con el que poder leer blogs como el mío desde casi cualquier rincón del mundo.
Malala Yousafzai era una niña cuando tuvo el valor de armarse con un lápiz y acaso un cuaderno sin hojas, tuvo el atrevimiento de apelar a su derecho civil a recibir educación, cuando el 9 de octubre de 2012 montó en un autobús escolar donde fue tiroteada en Pakistán por un grupo de fundamentalistas, por unos talibanes. Fueron la vergüenza del fanatismo, el inaudito arrojo de atreverse a hablar, la fe, la desesperación, su mente privilegiada, su infinita generosidad.
'We realize the importance of our voices only when we are silenced'
Malala, superviviente al odio más oscuro, a la perversión de una sociedad enferma y a las grandes expectativas que su determinación han generado en todo el mundo, asume desde dicen los 10 años de edad ya con admirable madurez su identidad, su destino: un icono del activismo. No la arrancaron la vida porque es ella la que nos arranca lágrimas y reverencias con la más sincera y profunda admiración.
Este verano en su 16 cumpleaños , esta heroína recibió un enternecedor homenaje en Naciones Unidas. Nuestra responsabilidad es como poco, escucharla, como poco: recordarla. Gracias Malala , las palabras no sobran.