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11 feb. 2014

Sexo con X.

Cuando hace unos días se inauguró en Amsterdam el primer museo sobre la prostitución, recordé el año 2003, primera y última vez que vi su barrio rojo. Recuerdo que sentí el binomio pundonor-clemencia, dentro de aquel paseillo turístico de lo que a mí se me antojaba un cierto exhibicionismo de la necesidad ajena, también sentí una inevitable avidez femenina por empatizar con aquellas mujeres que nadie o poca gente sabría en realidad cómo y porqué estaban semidesnudas tras la cristalera. Aquellos hombres fotografiándolas, algunos incluso públicamente erectos, otros mirando en grupo , unos pocos acompañados de otras mujeres adornados con sonoras carcajadas. A mí a pesar de los pesares, no me apetecía reírme, y sigue sin apetecerme hacerlo.


Que exista un museo (sin denuncia social), una atracción casi zoológica en la que la prostitución se muestre como una especie de herramienta de vodevil, cuyos cancanes y partituras resulte entretenido desmembrar por el público de a pie, me resulta como a sus no pocos detractores holandeses, una falta de escrúpulos pero sobre todo de rigor. 
La denuncia social, la puesta en escena de "la profesión" debería mostrar el verdadero cariz psicológico de una mujer que decide voluntaria o involuntariamente vender su cuerpo, la soledad, las mafias, las drogas, las enfermedades venéreas, el todo de la nada. Porque señores, no sé ustedes, pero considero que frivolizar la prostitución de esta manera tiene pecado, y mucho.
«Tenemos muchos caminos para elegir a lo largo de la vida pero siempre llega un punto en el que solo hay una elección, en el que volver atrás es imposible porque ya no hay nada y seguir adelante, ir al encuentro de lo desconocido ya no nos da miedo, no nos asusta, es cuando ya no tenemos nada que perder». 
Memorias de una prostituta, Anne Smith
En el momento que las personas son tratadas como animales, los animales son tratados como...¿basura? Véase la reprobable cría de mascotas, una pseudo-prostitución del reino animal, podríamos verlo así. Esas escenas de barrio residencial en las que los dos bulldogs franceses o los dos york shire o los dos cuadrúpedos de raza X copulan en el parking del polideportivo municipal con el beneplácito y dantesco gozo de sus respectivos amos, que en ese momento piensan en matemáticas, en euros por cría, en otro lucro de tráfico de seres vivos.

Cuántas veces he oído eso de "pero mujer que somos animales y necesitamos sexo", y cuántas veces he respondido sin abrir la boca " ¿y acaso la necesidad ampara lo barato? ¿si no siento la misma urgencia por comer que por fornicar implica que soy una reprimida?". Ante nosotros personas comunes  cada vez más enfangados en la cotidianeidad de la carne , echando raíces en un campo yermo, más allá de las Castillas, en el que se confunden y revuelcan los acuerdos mercantiles:
- El trueque limpio y justo del sexo por sexo.
- El que da sexo para recibir amor versus el que da amor para recibir sexo; y el regateo acaba mal.
- El que confunde juego limpio con juego sucio, porque las normas mayoritariamente son tácitas y no todo el mundo las conoce; timo lo llaman de toda la vida.
- Los que relegan el sexo a un segundo plano y disfrutan de todo lo demás, de lo humano y lo divino, del respeto, del orgasmo físico y mental, del no regalarse; licenciados en económicas.

Donde empiezan y terminan los silogismos sólo Elena Ochoa lo supo.


DESDE QUE EL SEXO ES TAN FÁCIL, EL AMOR SE VOLVIÓ IMPOSIBLE.








1 comentario:

  1. La prostitución, como la drogadicción o las hamburguesas de Mc Donald, son adicciones que no comparto y que ni siquiera ocupan minutos en mi mente. ¿Que hay personas que se prostituyen; que les gusta picarse o meterse una raya; que son capaces de meterse una hamburguesa de MacDonald entre pecho y espalda? ¿Y quién soy yo para decirle no hagas eso que degrada tu cuerpo, tu espíritu y, sobre todo, tu inteligencia? Pues nadie. Sólo quien obliga a alguien a hacer algo en contra de su voluntad o para aprovecharse de él merece mi oprobio y el castigo de la sociedad.

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