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18 abr. 2014

Un tranvía llamado desprecio.


- ¿Fue tu abuela la que te permitió descubrir que ibas a ser escritor?”, le preguntó en los años setenta su amigo y colega Plinio Apuleyo Mendoza.
- “No, fue Kafka, que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando yo leí a los 17 años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor. Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: ‘Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa”.
Ayer 17 de abril de 2014 murió Gabriel García Márquez, figura de la literatura universal. Colombiano cuya trayectoria periodística y literaria de reconocido prestigio internacional ha sido traducida a tantos idiomas como él no hubiera imaginado al alcanzar la fama con la publicación en 1967 de "Cien años de soledad" . Tuvieron que pasar la friolera de 20 años desde que su entrada en la literatura en 1947 dio sus primeros frutos en la escena. Una pluma constante sin lugar a dudas.
Y tuvo que vivir 87 años hasta que partió su último tranvía, impecablemente vestido, recordamos una rosa amarilla en la solapa que derramaba quizás las palabras que el Alzheimer le robó de la memoria.


Unos mueren, otros nacen, unos más llorados que otros, unos más dignos, otros menos, suma y resta, en silencio o haciendo ruido. Sin ser posible tan siquiera rozar la exactitud matemática, los Observatorios de mayor crédito ofrecen cifras en el mundo de aproximadamente...


Nacimientos  *253 cada minuto *15,181 cada hora *364,335 cada día
Muertes *105 cada minuto *6,322 cada hora *151,729 cada día

Después de cada final siempre viene un principio y es que en contra del calendario juliano, la semana comienza en lunes no en domingo. Soy de esas personas que adoran los lunes, simbolizan la inauguración de algo más que una semana, son como la gloria de la obertura en Re mayor de Mozart en Le nozze di Figaro ( Las bodas de Fígaro) resonando en la cabeza mientras uno se prepara el desayuno.


Desayuno, puedo llegar a sentir auténtico desprecio si alguien o algo me lo arruina. La comida más importante del día, el preludio de todo lo que sucederá después, la bienvenida al universo de la salud en nuestro estómago.
Hoteles a los que nunca volvería ni gratis porque no tenían zumo de naranja natural , cafeterías cuyo manejo de la plancha y el croissant se confunde con un galimatias de indescifrable contenido, pastelerías amables que sí tienen la leche de soja/azúcar moreno que siempre suplico, amantes con los que jamás pernoctaré de nuevo debido a su falta absoluta de protocolo matutino. Posdata: querido , salvaguarda tu buen nombre tan solo supliendo tu nevera y cafetera de los pertrechos pertinentes para su posterior avío.

Pero es que nuestras manías, nuestras exigencias y nuestras expectativas sobre la vida o sobre los demás, parece ser que pueden ser manejadas, domesticadas con relativa facilidad, hasta lograr que nuestra mente pare de terribilizar tan arbitrariamente. O al menos eso es lo que de manera consistente y esperanzada nos dice Rafael Santandreu en sus libros como "Las gafas de la felicidad" o "El arte de no amargarse la vida". Publicaciones que os dejo , mientras desayuno copiosamente AUTOCONTROLADAMENTE :) .... como consejos literarios para ser un poco más felices y conservar la salud emocional mientras nos pueda quedar vida por delante.

"Cada vez necesito menos cosas y las pocas que necesito las necesito muy poco". 
San Francisco de Asís

2 comentarios:

  1. Cuando leí por primera vez "Cien años de soledad" no lo leí. Me deslicé por entre sus floridas frases, como la sangre del Coronel, por debajo de las puertas... nada más que dejándome llevar por la caída del terreno de su prosa. La segunda vez, tampoco fui consciente de leerlo. Me perdieron sus nombres. Amaranta Úrsula, Pietro Crespi, Remedios la Bella... son nombres que se me han quedado en la memoria como si hubieran compartido conmigo alguna noche. Luego fueron viniendo todos los demás personajes de sus cuentos y novelas... La Cándida Eréndira y su abuela desalmada, el coronel que no tenía quien le escribiera, el Distador que se hacía traer el mar más cerca para verlo desde su castillo, Florentino Ariza, el desdichado que estuvo esperando no sé cuántísimos años, no sé cuántos meses y no me acuerdo cuántos días a que muriera el marido de su amor para volver a intentarlo... Santiago Nasar, quien, el día en que iba a ser asesinado todo el pueblo lo sabía... todos, todos sus personajes e historias se han quedado en mi memoria mucho más que se los hubiera tratado de recordar en mi retina. Nunca los vi, pero no los olvido. El Gabo... Cuenta en "El olor de la Guayaba", esa larga entrevista de Cayo Apuleyo Mendoza, que un día, su mujer lo vio bajar del altillo donde estaba escribiendo Cien años... y al verle tan compungido, le preguntó: "¿Se ha muerto el Coronel Aureliano Buendía?" y al decirle el escritor que sí, ella dejó la bandeja que llevaba entre las manos, encima de un aparador y fue hacia su marido y le abrazó, como si se le hubiera muerto un hermano... "El olor de la Guayaba"... ¡qué título, por dios!... hasta aquí me llega el aroma...

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    1. El aroma a guayaba, un cierto secretismo familiar en el backstage de una sonrisa inmutable y las ingentes listas de nombres indescifrables "garciamarquianos" forman parte de esa esencia caribeña a la cual si bien me siento muy unida, nunca me he sentido atraída de traspasar mayores barreras literarias que las de "La irresistible y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada". La mayor parte de las entradas de mi blog gozan de una característica común, un amalgama de temas aparentemente inconexos pero unidos por cordones umbilicales transparentes.
      En este caso la llorada pérdida de Gabo ha sido un mero arranque de la publicación, no un homenaje a su obra (porque para homenajear hay que conocer tan profundamente como tú lo has hecho), un atajo para hablar de la importancia de los instantes congelados: desayunos frustrados, 87 años de vida vivida, 20 años de espera, nacimientos por segundo, lecturas positivas que modifican actitudes que parecían perpetuas...
      Gracias por tu siempre brillante aportación, en tiempos o no de cólera.

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